Cómo me cambio
Cambiar de ERP sin apostar tu operación.
El miedo no es aprender un sistema nuevo: es quedarse sin el histórico, descubrir en la primera facturación que algo no cuadró, y tener que cargarlo todo otra vez. Así se evita cada una de esas tres cosas.
Primero se mira lo que hay, y se te enseña
Antes de mover nada se revisa tu información actual: cuántos clientes, cuántos equipos, cuántos contratos vivos, qué histórico de lecturas existe y hasta dónde llega. Ese inventario se te entrega. Es el momento de descubrir lo que está mal en tus datos, no tres meses después.
La carga se reconcilia reporte por reporte
El importador trae clientes, equipos, contratos e históricos, y cada bloque se compara contra el reporte equivalente de tu sistema actual. No es «ya quedó»: es un número contra otro número, y si no cuadran se ve en ese momento y se corrige.
Si algo no cuadra, se corrige sin empezar de cero
Antes de escribir un solo registro, SUMI valida el archivo y enseña, fila por fila, qué está listo, qué ya estaba cargado y qué necesita corrección, con su motivo. Se corrige, se vuelve a subir el mismo archivo y sólo entra lo que faltaba: nada se duplica. Y si vienes del ERP legado del sector, cada carga de su importador se puede revertir, de la más reciente hacia atrás.
Un mes en paralelo, con tu operación real
Durante el arranque tu operación corre en los dos sistemas con datos reales: las mismas lecturas, los mismos cortes, las mismas facturas. Al final del mes se comparan los dos resultados. Si los números no cuadran, se ven antes de que dependas de SUMI para cobrar.
Tu gente entra por área, no todos el mismo día
Facturación, servicio, almacén y administración arrancan con su propio acceso y su propia sesión de acompañamiento, cada una sobre tus datos ya cargados. Nadie aprende un sistema nuevo con datos de ejemplo que no reconoce.
Sobre el doble pago. No publicamos un esquema fijo para el periodo en paralelo porque dependerá de cuánto te falte de contrato con tu proveedor actual y de qué tan largo sea tu arranque. Se acuerda en la conversación comercial, con tu caso enfrente. Preferimos decir eso a inventar un descuento que después no aplique.
Lo que se pregunta antes de cambiar.
¿Voy a perder mi histórico de lecturas y contratos?
No. El histórico es justamente lo que se trae: clientes, equipos, contratos y las lecturas anteriores, para que la rentabilidad por equipo y las tendencias de consumo no empiecen de cero el día uno. Es la parte de la migración que más se revisa contigo, porque es la que no se puede reconstruir después.
¿Y si la carga sale mal a la mitad?
No queda a medias. Cada hoja que se sube se confirma en una sola operación: si algo la interrumpe, no se guarda nada de ella. Una fila con error no detiene a las demás; se señala con su motivo, se corrige y, al volver a subir el archivo, sólo entra lo que faltaba. Con el importador del ERP legado, además, cada carga se puede revertir, de la más reciente hacia atrás.
¿Tengo que apagar mi sistema actual el primer día?
No, y no es lo recomendable. Lo normal es correr un mes en paralelo con tu operación real y comparar los resultados de los dos sistemas al cierre. Apagar el anterior es una decisión que tomas cuando ya viste que los números coinciden.
¿Y el doble pago mientras corro los dos sistemas?
Es una pregunta justa y se resuelve caso por caso, en la conversación comercial: depende de cuánto te falte de contrato con tu proveedor actual y de qué tan largo sea tu arranque. No publicamos un esquema fijo porque sería un número inventado; lo que sí está definido es que el mes en paralelo se mide antes de que dependas de SUMI.
¿Cuánto tarda todo esto?
Depende del tamaño de tu flota y del estado de tus datos, y por eso no damos una cifra general. Lo que se puede decir antes de empezar es el inventario: cuántos registros hay que mover y cuáles están incompletos. Con eso sobre la mesa se acuerda el calendario, en vez de prometer semanas a ciegas.
¿Quién hace el trabajo, yo o ustedes?
La carga y la reconciliación las hacemos nosotros. De tu lado hacen falta dos cosas: el acceso a tu sistema actual y una persona por área que reconozca sus propios datos cuando se los enseñemos — porque quien detecta que un contrato está mal cargado es quien lo factura todos los meses, no nosotros.
Primero el inventario, después la decisión.
En la demo revisamos qué tienes hoy y qué tan limpio está. Ese diagnóstico es útil aunque al final no te cambies.